El Soho se rinde a la Pasión: La maestría de Banderas y el llanto de una Saeta
- Mar 24
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María Esther Beltrán Martinez
Málaga, España.- Hay timbres emocionales que marcan el calendario del alma. Así como para muchos es necesario ver El Cascanueces para sentir que la Navidad ha llegado de verdad, en Málaga ha nacido un nuevo ritual imprescindible: para vivir plenamente la Semana Santa y empezarla con el espíritu adecuado, nada como el V Concierto de Cuaresma de la Sinfónica Larios Pop del Soho.
Desde la entrada, el espectador abandona el ruido del centro para entrar en un refugio de recogimiento. El ambiente respira a Cuaresma pura; un escenario elegantemente dispuesto con velas y flores anticipa que lo que está por suceder es, en realidad, una liturgia artística.

El silencio se hizo presente cuando Antonio Banderas salió al escenario. Con la cercanía que le caracteriza, dio la bienvenida hablando sobre el programa que él mismo ha diseñado con tanto celo. Dio la entrada a su amigo y cómplice musical Arturo Díez Boscovich.
El concierto arrancó con la majestuosidad de Elsa, procesión a la Catedral de Wagner. Mientras la música envolvía el patio de butacas, la pantalla mostraba imágenes antiguas de la Semana Santa de Málaga. Aunque algunas ya se han visto en años anteriores, verlas de nuevo es siempre un viaje necesario. El momento más emotivo de la apertura llegó al final de esta marcha: emulando el rito de las procesiones en la calle, Antonio y su hermano Javier tocaron las campanas, ese sonido metálico y sagrado que indica a los hombres de trono que es momento de seguir adelante, de iniciar el camino.

Esta quinta edición fue excepcional al contar con tres directores en el podio, aportando cada uno un matiz distinto a la velada: Arturo Díez Boscovich. El director titular, quien lideró la mayor parte del programa con arreglos de cuerda que elevan las marchas de calle a una categoría sinfónica tremenda.
Miguel Pérez: El compositor malagueño subió al podio para dirigir su propia obra, Stella Nostra, dándole el pulso exacto que su autor imaginó. Y punto aparte hay que señalar la marcha de su autoría Flor de San Julián, una composición que llega a despertar la sensibilidad emocional.
Y Antonio Banderas: Quien, a pesar de su espalda, tomó la batuta para dirigir Cofrade del Mayor Dolor, demostrando su entrega absoluta.Entre bromas y con su estilo inconfundible, compartió con el público que llevaba un parche para combatir un fuerte dolor de espalda, el mismo que aquejaba a su hermano Javier. Con humor, sugirió que la marcha de su autoría, Cofrade del Mayor Dolor, bien podría haberse titulado esta vez "El gran dolor de espalda de los hermanos Banderas".
La aparición de Arcángel supuso el momento de mayor espiritualidad. Su interpretación de la Saeta de Serrat y, especialmente, su saeta a capela, dejaron el teatro en un silencio sepulcral que pronto se transformó en una emoción incontenible. Fue un canto tan puro que logró emocionar hasta las lágrimas a muchos de los asistentes.

El total de marchas fueron 16 destacó también El novio de la muerte, autor Juan Costa Casals. En voz muy baja algunos cantaban, y cómo no hacerlo si es una marcha que pone el acento a la Semana Santa de Málaga.
Tras la potencia del Orfeón Universitario de Málaga con el Gaudeamus Igitur, el cierre fue visualmente impactante: una lluvia de petalada de papeles rojizos cayó sobre el escenario, dando el toque final de pasión y solemnidad a la noche.
Todos los participantes salieron a agradecer una ovación del público que duró varios minutos, un aplauso cerrado que confirmó que este concierto, ya inmortalizado en disco, es el inicio oficial y más brillante de nuestra Semana Grande. La Semana Santa ya está aquí, y ha sonado con la fuerza de una campana que nos ordena avanzar.





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